Letras
—No sé qué me pasa, doctor. Es algo muy raro. El problema es que empiezo a hablar y de repente surge la letra de una canción. Es terrible porque la gente cree que le tomo el pelo y que son tan fuertes tus miradas, elegantes y estudiadas. Yo soy solo un adolescente, pero entraré en tu mente pisando fuerte, pisando fuerte. ¡Esto! ¡Esto! No puedo evitarlo, me pone en situaciones muy difíciles, porque cuando tu vas, yo vengo de allí; cuando yo voy, tú todavía estás aquí. Y crees que me puedes confundir. ¿Y de que vas mirándome atrás? Ay que descaro, ahora me gustas más. ¡Es horrible!
—Bueno, bueno. Cálmese, por favor. Es evidente que es un problema nervioso. Lo vamos a tratar de manera integral, con un tratamiento médico y psicoterapia. La medicación es fuerte, así que deberá tener cuidado con Paloma, que me han dicho que es de goma. Le gusta la cirugía. Ha pasado tantas veces por quirófano, que no la conocía.
—¡Oh!
—¿Pero qué coño es esto? ¡Me ha contagiado!
—¡No he hecho nada! No sabía que era contagioso. Solo le he expuesto el problema, pero yo no cambié, no cambié, no cambié. Sigo siendo la misma, pero ya no sufro por tu querer.
—¡Lárguese de aquí inmediatamente, tara+do!
—Lo siento mucho, de verdad. Esto es una locura. No hay solución. Me tiro de una azotea y te envío poemas de mi puño y letra, te envío canciones de 4:40, te envío las fotos cenando en Marbella y cuando estuvimos por Venezuela.
—Y así me recuerdes y tengas presente. Que mi corazón está colgando en tus manos. Cuidado, cuidado. Que mi corazón está colgando en tus manos.
—¡Oh! Vaya. Ya me voy, ya.
—¡Sí, fuera! Rata de dos patas. Te estoy hablando a ti. Porque un bicho rastrero, aún siendo el más maldito, comparado contigo se queda muy chiquito.
Comentarios
Publicar un comentario