Marilyn
Marilyn Monroe visita Avilés
Agencias
16 de Abril de 1956
Con motivo del estreno de su última película, La tentación vive arriba, en el recientemente inaugurado Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, Avilés recibió ayer la visita de la estrella de cine Marilyn Monroe, desplazada expresamente desde Los Ángeles, donde reside y desempeña su carrera cinematográfica. La actriz, depositaria de incontables ilusiones juveniles, mantuvo una apretada pero satisfactoria jornada en la industriosa villa asturiana.
Procedente del aeródromo de La Morgal, Llanera, la señorita Monroe llegó a Avilés en torno a las diez de la mañana siendo recibida por el alcalde, don Francisco Orejas, y los concejales a la puerta del Ayuntamiento. Una imponente multitud tributó un cariñoso recibimiento a la actriz, que correspondió en todo momento con su característica simpatía.
Tras una breve recepción en el Consistorio, donde firmó en el libro de honor, la señorita Monroe recorrió a pie la calle del Generalísimo Franco, principal vía urbana avilesina, hasta la Plaza de Fernández Ladreda, donde apreció la monumentalidad de la Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, muy elogiada por la actriz, a decir de sus acompañantes.
Un partido de fútbol entre el Real Avilés y un combinado de equipos asturianos seleccionado para la ocasión fue el siguiente acto de la jornada. La señorita Monroe efectuó graciosamente el saque de honor, contemplando con interés y emoción el desarrollo del encuentro balompédico desde el palco de honor.
La fiereza de los contrincantes provocó un ligero incidente cuando un despeje del bravo Chelona hizo que el esférico golpeara la cabeza de la señorita Monroe. Durante unos momentos que resultaron eternos para futbolistas y espectadores, la estrella y su asistente, doña Paula Strasberg, hubieron de ausentarse de sus asientos, para regresar la actriz recuperada y con su permanente sonrisa. Huelga decir que Chelona, con la caballerosidad propia de los deportistas españoles, se deshizo en disculpas con la señorita Monroe al terminar el partido.
Un espicha típicamente asturiana en la reputada sidrería Casa Lin hizo las delicias de la comitiva. La señorita Monroe fue agasajada con un surtido de mariscos y pescados de la mejor calidad, regados con abundante sidra y otras bebidas y licores. Todos los invitados destacaron la educación y el saber estar de la señorita Monroe, con la que departieron durante el ágape, pese a desconocer ella el idioma castellano, llegando a confesarles su próximo matrimonio con el dramaturgo Arthur Miller.
Ha de señalarse que en un momento dado la señorita Monroe se sintió indispuesta, debiendo de retirarse en diferente ocasiones. Inicialmente atendida por la señorita Strasberg, hubo de ser el doctor Sendón, presente en el convite, quien con su reconocida ciencia diagnosticó una violenta pero pasajera grastoenteritis provocada por la sidra.
Una vez recuperada la señorita Monroe, la comitiva se dirigió al puerto avilesino, donde a bordo de una lancha motora la protagonista de Niágara disfrutó de una deliciosa singladura por la ría de Avilés, mientras era saludada por la multitud congregada en sendos márgenes del estuario.
Lamentablemente, un percance sobresaltó a los integrantes de la improvisada excursión marítima: un repentino oleaje provocado por el buque Valentín Ruíz Senén, que guiado por el práctico entraba en el puerto de San Juan de Nieva arrastrado por el remolcador Plutón, provocó un inesperado oleaje que hizo agitarse a la embarcación, cayéndose al mar la señorita Monroe. Inmediatamente pudo ser izada, y la lancha retornó al puerto, siendo discretamente conducida la estrella a unas dependencias de la lonja, donde con la ayuda de la señorita Strasberg pudo secarse y ponerse un vestido cedido amablemente por una señorita avilesina.
Quien este artículo escribe está levemente iniciado en la lengua de Shakespeare, y mientras aguardaba que la señorita Monroe se cambiase de ropa, no pudo evitar escuchar la conversación que mantenían la gentil diva y su colaboradora. Es de esperar del benevolente lector que no juzgue intromisión en la intimidad de la señorita Monroe la trascripción de esa conversación, sino un genuino acto informativo:
"—Oh. Paula, ¿no es Avilés una ciudad maravillosa? Es como un diamante, no muy grande pero brillante y valioso. Me lo estoy pasando muy bien. Todas las actividades han sido tan divertidas... Aún no me he ido, y ya estoy deseando volver. Incluso me plantearía vivir aquí siempre".
Por si algún lector conoce el idioma inglés puede disfrutar del texto sin traducir:
"—But, damm, Paula. Where the hell we are? It's just we have come to the ass of the world so they can hit me with a soccer ball and throw me to the water. And they almost killed me with that damm cider. It made me shit so much that I almost dehydrated. I'm having the worst day of muy life. I hope I never return to this horrible place. The first thing I'm going to do in L.A. is fire the asshole that offered me to come, or better yet, I'll going to kill him. God, what a disaster!"
El acto final de la visita de la señorita Monroe fue el estreno de La tentación viene arriba, película divertida y algo pícara (está restringida para menores). El joven pero ya internacionalmente prestigioso arquitecto Oscar Niemeyer hizo los honores a la señorita Monroe, que se mostró radiante, y la guio por la moderna edificación, mostrándole sus diferentes salones y la capilla. La señorita Monroe se mostró muy complacida en todo momento.
Una vez en el auditorio se realizó la proyección de la película, que fue festejada con numerosas carcajadas. El público aplaudió frenéticamente al finalizar el largometraje. Sin embargo, la señorita Monroe ya no se encontraba entre el público. Posiblemente abandonara el auditorio discretamente, pero este humilde reporter, romántico irredimible, prefiere pensar que la señorita Monroe fue imperceptiblemente abducida por la pantalla, donde brilla como una estrella refulgente y etérea.

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