Enamorado

 

—Sí, ¿quién es?

—Hola! ¿Isabel Díaz Ayuso?

—Sí, soy yo.

—Hola, Isabel. Soy Pedro.

—¿Pedro?

—Sí, Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno.

—Vamos a ver, presidente. Creo que usted y yo deberíamos comunicarnos exclusivamente por conductos oficiales.

—Lo sé, Isabel. Pero no te habla el presidente del Gobierno, sino un hombre llamado Pedro.

—Cómo...

—Un hombre que tiembla, Isabel.

—¡Esto es inaudito!

—Lo sé, pero necesitaba hablar contigo. ¿Puedo llamarte Isa?

—¡Por supuesto que no!

—Entiendo que estés confundida, pero creo que podrías comprenderme. Ambos nos dedicamos a la política, tenemos problemas similares. Estoy seguro de que hay momentos en que te sientes sola, por muy querida que seas por la gente. A mí también me sucede.

—¿Qué quiere decir?

—Estos días han sido difíciles para mí, en lo político y en lo personal. 

—Oiga, mire. Si quiere un amigo, cómprese un perro.

—No es eso, Isabel. Yo no te veo como amiga.

—Bueno, yo tampoco a usted como amigo, la verdad.

—No me entiendes. Pienso en ti con frecuencia. En realidad, pienso mucho en ti. Y confieso que cuando lo hago, me ilumino. Siento algo en mi interior, algo turbador, algo inquietante. No sé como describirlo, pero creo que sé lo que es.

—Pero, presidente...

—Sí, sí. Ya sé lo insólito que es esto. Pero nuestros principios, nuestros sentimientos, solo son realmente veraces cuando nos resultan inconvenientes.

—Bueno, yo...

—Te quiero, Isabel. No puedo evitarlo, y la verdad es que no quiero evitarlo.

—Ay, qué cosas me dices, Pedro...

—Necesitaba decírtelo, Isa, como necesito amarte.

—Pero, Pedro, estás casado y yo tengo pareja.

—La adecuada respuesta al amor es aceptarlo, no hay nada que hacer.

—A ver, Pedro. Tengo que confesarte que tú tampoco me desagradas tanto como parece. Eres un hombre muy apuesto y muy agradable.

—Oh. Gracias. Me emociona oírte decir esto. Ahora mismo floto en una nube.

—Ay! Y yo estoy un poco ruborizada, jiji.

—Estoy deseando verte, estar contigo. Podríamos hacer muchas cosas juntos. Al principio tendría que ser algo secreto, íntimo. Pero pienso que la sociedad española es lo suficientemente madura para entender nuestros sentimientos. Además, España necesita un pacto político de gobernabilidad entre los dos grandes partidos, lo que llaman el PPPSOE. Esto de apoyarme en independistas me está pasando factura. 

—Ah. Ya veo.

—¿Sí?

—Maldito granuja, bribón. Tú eres capaz de todo por continuar siendo presidente. Un pacto dice el muy canalla. 

—No es eso, te equivocas.

—Por poco me engañas, y eso que te tengo más que calado. Madre mía, anda que...

—Pero Isa...

—¡¡Me gusta la fruta!!

 









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