Trauma
Cuando el traumatólogo llegó al quirófano, ya estaba allí el residente que iba a asistirle. El paciente aún no había sido bajado, así que los dos médicos aprovecharon para charlar un rato.
—¿Es esta su primera amputación?
—¿Está preparado?¿Tiene alguna duda?
—Pues sí, la verdad.
—Dígame—inquirió solícito el traumatólogo
—Verá. Sé que se trata de amputar la pierna izquierda del paciente.
—Así es.
—Lo que no tengo claro es cuál es la pierna izquierda del paciente.
El traumatólogo se sorprendió.
—Nunca sé si los informes médicos hablan de izquierda o derecha desde la perspectiva del médico o del paciente — explicó el joven doctor.
—Ya...Usted es el hijo del director del hospital, ¿verdad?
En ese momento llegó el paciente, ya anestesiado, al que dos celadores pasaron desde la camilla a la mesa de operaciones.
—Pues puede usted salir de dudas ahora mismo. Descubra la pierna que, como usted dice, es la derecha del paciente desde su perspectiva y la izquierda desde la nuestra.
El residente cumplió la orden.
—¿Qué es lo que ve?
—Hay algo escrito en el muslo con rotulador.
—¿Puede leerlo, por favor?
—Sí, dice "Es la otra, idiota".
El residente añadió algo azorado:
—Ha debido escribirlo el paciente.
—¿Y por qué no descubre la otra pierna?—propuso divertido el traumatólogo.
El residente cumplió la orden.
—¿Qué es lo que ve?
—Joder, qué gangrena más chunga.
—En efecto, esa es la pierna que hay que amputar. Espero que le haya quedado claro que no hay ningún problema de perspectivas. La pierna izquierda del paciente es la pierna izquierda del paciente y la derecha lo mismo.
—Sí, doctor.
—Usted tiene mucho que aprender aún. Empiece por aprovechar la lección de hoy: a veces, el mejor médico es el propio paciente.
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