Vergüenza

—Hombre, tú eres González, de Contabilidad.
—Ah. Sí. Y tú, Sánchez, de Auditoría.
—El mismo.
—Qué sorpresa vernos fuera del trabajo.
—Es verdad.
— ¿Adónde vas?
—Estoy dando un paseo. He tenido una bronca con la parienta.
—Oh. Vaya. Lo siento. Seguro que no es por nada grave.
—Nah. Tonterías. Que si soy muy quisquilloso, que si esto y lo otro...
—Yo acabo de salir del cine.
—Ah, sí? ¿Y qué has visto?
—La de Alcarrás.
—Quieres decir Alcarrás.
—Sí, eso, Alcarrás.
—¿Y por qué dices la de Alcarrás?
—Ya, sí, bueno. Es verdad, jeje. Alcarrás.
—¿Te da vergüenza haber ido a ver esa película?
—¿Perdona?
—Sí, dices la de Alcarrás utilizando una especie de escudo gramatical antes del título.
—No me había dado cuenta.
—¿Es porque se trata de una película sobre unos cultivadores de melocotones?
—¿Cómo?
—Unos agricultores a los que les van a quitar la casa o algo así. ¿Te avergüenzas de ellos por qué son pobres?
—¿Pero qué dices?
—Me has entendido perfectamente.
—He dicho la de Alcarrás porque siempre digo eso cuando hablo de una película, es como una manía que tengo. Y lo hace mucha gente.
—Entonces te avergüenzas del cine, de las películas.
—Que no, joder. Es una forma de hablar. Suele hacerse con las películas no muy conocidas.
—Ya entiendo, en especial, las películas españolas. Te avergüenzas de nuestro cine.
—Sí, bueno...Esto...Acabo de recordar que tengo una cita. Me voy pitando. ¡Suerte con tu mujer!

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