Pesado
—¡¡¡Nacho, Nacho, Nacho!!
—Hola, Ramón
—Pues no. Es que... iba distraído.
—El otro día te pasó igual. Te llamé agitando los brazos. Creí que me habías visto, pero nada.
—Ah. No me di cuenta.
—Menos mal que hoy he salido detrás de ti.
—Sí, menos mal...
—¿Y esas bolsas?
—Es que estoy haciendo unas compras.
—A ver qué llevas.
—Nada, cosas, unas compras.
—A ver, a ver...
—¡No! ¡Deja las bolsas!
—Pero, ¿qué es esto? ¿Yogures de La Lechera sabor trufa?
—Sí.
—A mí me gustan más los de turrón.
—Yo prefiero los de trufa.
—No, los de turrón son mejores. ¿Tienes el ticket? ¡Vamos a cambiarlos!
—No, no vamos a cambiarlos. Yo quiero los de trufa.
—Bueno, vale. ¿Sabes? El otro día pensé en comprar natillas, que hace mucho que no las como. Me pregunté: "Ramón, ¿crees que pasará algo por sustituir unos días la fruta por natillas?" Y no tuve una respuesta clara. Vale que la fruta es más saludable, pero a veces apetece darse un capricho. A mi me gusta mucho lo dulce ¿sabes? Recuerdo que una vez...
—Oye, perdona. Es que tengo que irme, que me van a cerrar.
—¿Cerrar? ¡Pero si son las once!
—Las once todavía...Joder, se me está haciendo el día larguísimo...
—Para que se te haga más corto, te voy a acompañar.
—No hace falta, de verdad.
—Ni hablar, te acompaño.
—¿Tú por dónde vas?
—Por ahí.
—Yo voy por allí. Nos vamos a tener que despedir...
—Ah. No te preocupes. Voy por allí contigo y luego tiro por ahí. No tengo prisa.
—...
—Pues lo que te decía. Me gusta mucho el azúcar, y tengo que tener cuidado. Mi madre siempre me decía. "Ten cuidado con lo dulce, que te puede salir diabetes". Hay antecedentes en mi familia, ¿sabes? Mi abuelo Anselmo...
—Oye, perdona. Es que tengo que dar la vuelta. Acabo de recordar que tengo que cortar el pelo.
—¿Cortar el pelo? ¡Pero si lo tienes bien!
—Es que a mí me gusta corto.
—Pero te quedaría muy corto. No, déjalo. Ya lo cortarás más adelante.
—...
—Oye, por cierto. El otro día te vi en Facebook y te pedí amistad. Lo que pasa es que volví a buscar tu perfil y ya no me aparecía.
—Ah... Ya...Es que me he dado de baja. Estoy un poco saturado.
—Ah. Pues es curioso. Porque eso ya me ha pasado con más gente. Les pido amistad y desaparecen. ¡Qué casualidad! Tú tienes que volver, eh. Yo soy muy activo. Ya verás que risas cuando seamos amigos.
—Bueno...
—¿Qué haces esta tarde?
—Ah... No sé... Nada...No voy a salir.
—¿Cómo que no vas a salir? No vas a quedarte en casa, como si fueras un viejo. Te llamo. Sigues teniendo el mismo número.
—Sí, pero...eh...¡Está estropeado!
—¿Estropeado?
—Sí, no suena. Se pueden hacer llamadas, pero no se oye cuando me llaman.
—¿Y el móvil?
—No tengo móvil.
—¿Y eso?
—Soy antitecnología.
—Vaya. Pues antes creo que lo tenías...Bueno, tienes que comprar uno. Te lo elijo yo, que controlo. Pues, lo dicho, me paso por tu casa esta tarde. ¿A las cuatro? No me digas que duermes la siesta. Eso es de viejos, no puedes dormirla. Me paso a las cuatro.
—¡¡No, no, no!! Ya te llamo yo.
—Bueno, vale, pero si eso...
—Ya te llamo yo, ya te llamo yo, ya te llamo yo, ya te llamo yo, ya te llamo yo...
—¡Nacho!¿Qué te pasa? ¡No! ¿Te has desmayado?¡¡Nacho, reacciona!!
—...
—¡¡¡Nacho, Nacho, Nacho!!!
Comentarios
Publicar un comentario