Castigo

 

—Venga, coge el bolígrafo y escribe lo que te voy a dictar.

—Jo, papá.

—Ni jo ni hos...ni nada.

—Bueno...

—No volveré a decir...

—¿Volveré es con dos uves?

—Sí.

—...

—...palabras ni utilizaré expresiones...

— ¿Qué es una expresión?

— Pues son como varias palabras que...Pero bueno, ¿es que en ese colegio no te enseñan nada?

— Eso no.

— ...

—...ni utilizaré expresiones...

—...relamidas...

—¿Qué significa relamidas?

—Cursis.

—¿Y cursis?

—Relamidas.

—Vale.

—...que no aportan nada...

—...que no aportan nada...

—...y solo sirven...

—... y solo sirven...

—...para deteriorar el lenguaje...

—...para deteriorar el lenguaje...

—No, espera...Tacha lo de que no aportan nada.

—¿Por qué?

—Es redundante. Lo que realmente quiero decir es lo último.

—¿Deterioran el lenguaje?

—Sí, eso.

—Redundante es que sobra, ¿no, papá?

—Sí. En el fondo es ser pesado. ¿Sabes? Ser pesado es horrible, lo peor que se puede ser. Si hay algo que lamento es las veces que he sido pesado.
—¿Y por qué lo fuiste?

—No lo sé, hijo. Supongo que no me di cuenta. A veces te dejas llevar por el entusiasmo o por el ansia...No sé...Pero bueno, vamos a seguir.
—....

—...como, por ejemplo,...

—...como, por ejemplo,...

—...hasta lueguín.

—...hasta lueguín.

—Bueno, ya está. Con esto es suficiente.

—Gracias.

—Guárdalo en un cajón de tu mesa, en uno que abras con frecuencia.

—¿Por qué?

—Para que lo veas mucho.

—Entonces mejor lo clavo en el corcho.

—Mmm...No, mejor no.

—¿Por...?

—Porque es contraproducente. Lo ves ahí y no te fijas. Tiene que hacer que caigas en ello cuando pienses en otra cosa, que aparezca de repente, que te golpee.

—¿Por qué te molesta tanto eso de "hasta lueguín"?

—No sé explicar por qué. Me da grima.

—Ya.

—A veces no podemos explicarnos muchas cosas. Simplemente ocurren...

—¿Puedo salir a jugar?

—Sí.

—Gracias.

—Pero haz caso a lo que te he dictado.

—Vale.

—A las 9 cenamos. No tardes.

—Vale. Hasta lue...

—Nooooooooooooo

—...

—Iba a decir "hasta luego".

—¿Estás seguro?

—Sí, papá. Tranquilo, de verdad.

—Perdona, hijo. Es que soy muy aprensivo.

—No, te lo prometo.

—Bueno, pues lo dicho. No vuelvas tarde.

—Sí. Esto....eh....¡Adiós!

—Adiós, hijo, adiós.






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